L'EXPOSICIÓ

 

 

(...)

Tinc quaranta tres anys. Pot ser que hagi passat la meitat de la meva vida sense adonar-me realment d’on visc..., si és que realment visc?

Des de que he tornat a l’exposició, fotografia rere fotografia, em faig la mateixa pregunta. Fotografia a fotografia vaig aprofundint en una catarsi que m’ha fet perdre, literalment, el món de vista. A la Sílvia encara me l’estimo, sí, però ni ella no hi és ara. Resto sol davant de cada imatge. Sol, enfrontant-me maldestre a la dualitat que representen. La dualitat que m’és lluita, tot i no ser-ho, entre el patró base del cos i l’ossada de l’ànima...

El Marcel, que ara si em sembla Majúscul!, retrata a les imatges petites en blanc i negre un carrer, i una plaça, i un passatge, i un monument, i un cementiri..., retrata en blanc i negre tota mena de punts populars de ciutats d’arreu prou conegudes per tots. Fins aquí, res. Bé, unes fotografies de qualitat que fan una lectura visual del lloc enfocat entenedora i, segons el meu entendre, ben fetes tècnicament. El sacseig al que estic sotmès des de què he entrat a la sala disposat a fixar-me en l’obra, neix a l’altra imatge de color que aclaparadorament tanca el conjunt que enceta totes i cada una de les imatges en blanc i negre. Aquesta imatge en color és també un retrat del mateix carrer o de la mateixa placeta que la petita que l’acompanya..., però n'és una altra! És una mirada personalíssima de l’autor a aquella plaça i a aquell carrer, fent que en sigui un altre, fent que sigui la Seva plaça i el Seu carrer i el Seu meravellós jardí del cementiri! Si no hi hagués al costat la referència en blanc i negre, serien imatges meravellosament irreconeixibles a primera vista! Mirades noves!

Amb el tractament del color natural que dóna a aquestes fotografies l’autor els dóna vida! L’ànima d’aquest to rau en l’hora, en el segon màgic en què escull prémer el botó exactament, i en l’angle que esbiaixa pel pendent de la llum, i, sense miraments de manual, en el retall que fa zoom endins d’allò que era prescindible, o bé tot desenfocant-ne una part, no per prescindible, perquè hi segueix sent, però sí per així permetre encara una mica més, si és que era encara possible, el somni que sent amb una dolça ambigüitat confusa... I a més de tot el què es veu de meravellós a les imatges, hi ha el que no es veu, i és aquell estat d’intensitat, de melangia, de desig, de por, d’agosarament...,del mateix Marcel i que a través de les mans, les seves, és capaç d’imprimir, per exemple, per les ombres que mig mostren els graffittis de les parets, i per les llums de les finestres, i per les humitats dels empedrats..., com una subtil pàtina que ho perfuma tot i embriagadorament arriba aquí, al vernissatge, a mi.

 

                                                                                 (Fragment de L'exposició)

 

 

 

 

ILOTA

 

 

Ilota, como cada tarde a esta hora, pronto, se sienta en su mesa del café del Ateneo. Seguramente la misma mesa, la de la ventana, es siempre la suya porque, al llegar pronto, llega a tiempo de hacerse la reserva. Pero antes de tomar posesión de las propiedades de las que cada tarde es usufructuaria, Ilota da, con un delicadísimo gesto en el rostro, las buenas tardes al camarero que tras la barra ya está preparando su eterno pedido: una taza de chocolate espesísimo y muy caliente...¡humeante! En el café, a estas horas, no hay casi nadie y, si después se llena, ella ni se dará cuenta. En el Ateneo, lejos de Ilota, todos siguen digiriendo con licores sus comidas, apoltronados por las butacas y, los más osados, por los sofás. El Ateneo más prudente yace en casa, a resguardo de las incomodidades sociales, reponiéndose para las damas y los ajedreces de media tarde.

Ilota, ajena a todo, excepto a sí misma, se enmarca en un humo de chocolate perfumado. Entre la silla en la que se sienta y la mesa en la que se apoya, todo su mundo esparciéndose... bailando: el mármol blanco, casi de hielo; la pista de baile que, cabe decirlo, ¡resbala la mar de bien!; el portaservilletas; la pareja de turno...; y la taza de chocolate, muy dulce, evidentemente ella. ¡El camarero se encarga de hacer desaparecer, antes de que llegue Ilota, un cenicero que siempre está plantado justo en medio de la pista porque sabe la molestia que causará a los bailarines! Y, además, no fuman. Cuando el mundo está en su lugar, entre la silla y la mesa, Ilota puede abrir el baile. Aunque, mundo más allá, resuena como fondo Catalunya Informació, para Ilota, dentro de su atmósfera aislante, suena su propia orquesta que, invariablemente, abre el concierto de tarde con la pieza el Cant de l’Enyor en la voz de un dueto excepcional formado por su marido, ¡que Dios tenga en su gloria!..., y Lluís Llach. Con el primer abrazo en los labios de una servilleta muy suave y el dulce chocolate, empieza el baile. Con los ojos cerrados, concentrando la atención en el punteo de los pies, Ilota se suelta en los brazos del amado. Fiel a él, a su marido que, cuando acaben los acordes del Cant del Enyor, sabe que estará cansado y querrá retirarse a descansar, le susurra, mientras le dice que la quiere, que no deje de bailar cuando él se retire. Ilota, sabiendo que no dejarán de amarse, se traga amorosamente, con el chocolate que tiene en la boca, la voz y el descanso del marido, a Llach y al Enyor. En el silencio de la orquestra, un aplauso no tan lejano como el que ha precedido al primer baile con su marido, da la bienvenida al primer nombre escrito en la espalda del marido. Con el consentimiento para seguir bailando de quien reposa, la hoja de la espalda se ha convertido en el carné de baile de Ilota. El recién llegado es Yves, aquel vecino venido de París que ha alquilado el apartamento de arriba de su piso de Gracia. La primera vez que bailó con él fue en la plaza del Diamant durante unas fiestas del barrio... y antes de que aquella noviecita, ¡mosquita muerta!, lo encadenara en casa, seguramente a los barrotes de la cama.. Bueno, ella, Ilota, sigue bailando con Yves, aquí, en el mármol helado, tarde sí y tarde también. ¡Y es que Yves baila muy bien!, piensa Ilota,...¡que se lo pregunten a la novia!... Para ellos, la orquesta empieza a tocar Samedi soir sur la terre de Francis Cabrel. Abrazada a Yves, siente como una lágrima se le escapa hacia el hielo que pisa para formar parte de él. Entonces, sin permitir que las siguientes lágrimas, creciendo en forma de estalagmitas sobre la primera, ya helada, le puedan llegar a congelar la sangre, se las enjuga en la espalda empapelada de Yves que, después de consolarla ofreciéndole la espalda entera, regresa a su encadenamiento al placer de Gràcia. Mañana, si Ilota lo quiere, aceptará de nuevo la invitación para bailar.

Con la confusión de Ilota, que sigue curándose las lágrimas, la orquestra no sabe lo que tiene que tocar y su silencio se prolonga. Ilota se reprocha lo que ya sabe: ¡la primera pareja de baile después de su marido siempre acostumbra a pisarle los pies!... Y hoy Yves no ha sido una excepción. Otro día lo pondrá más abajo en el carné. Con los pies doloridos y un llanto que se entreoye sólo con suspiros, decide bailar ella sola un baile. Se hace tocar Bamba Rakatunga con Celia Cruz y Ray Barretto. Bailando como una loca, se olvida de añorar los primeros Yves, sus suspiros y ¡los pisotones! Bailar sola sólo tiene un inconveniente: que bailas sola. ¡Pero, si no te duelen los zapatos, los pies, al menos, los tienes a salvo... y, con los pies, los pasos y las pisadas! ¡Azúcar! va pisando Ilota mientras ha derramado un poco del azúcar que se hace traer con el chocolate por si no fuera bastante dulce y que ahora estaba echando en la media taza que le queda llena. Removiendo el azúcar y el ¡Azúcar!, se acerca la taza a los labios y espera que el espeso chocolate gotee. Cuesta que le llegue a la boca, pero cuando lo hace, como lava, cuesta que lo deje de hacer. Como buenamente puede, se separa de la taza reconfortada y dejando su salsa negra, la que aún queda, también deja el canto de Celia y compañía. Reanimada, pues, y poniéndose romántica, como a ella le gusta, se hace interpretar un bolero, evidentemente por los Panchos, aquél que se titula Voy a apagar la luz. ¡El abrazo en los labios que lo ha precedido no lo conoce! ¡No es nadie anotado en el carné de baile, pero la aprieta con una sensibilidad extraordinaria!... ¡Y baila como los ángeles! Tras el antifaz de papel que luce no llega a saber cómo es ya que, por descontado, sabe que no lo conoce, pero sí empieza a imaginárselo más allá de la luz de los ojos que la miran admirándola. ¿Pero quién es aquél enmascarado bailarín que pretende seducirla? Mucho más confusa que antes, se inquieta en su mundo por primera vez en toda la tarde. Pierde el ritmo y, huyendo como una cenicienta, abre los ojos a su alrededor y, levantando la mirada, busca una escalinata de emergencia que no encuentra, a la vez que un zapato le cae bajo la mesa. Enrojeciendo avergonzada por hacer pública su aventura en el baile con el ruido del zapato, se agacha a recogerlo intentando disimular. No lo alcanza. ¡Le parece que el zapato ha llegado hasta los cimientos del Ateneo!... Ya estoy a punto de acercarme a ayudarla cuando una Ilota, medio contorsionista, lo alcanza. Poniéndoselo, se da cuenta de que la orquesta, por hoy, ya ha recogido sus instrumentos. El mármol sigue siendo blanco y helado, pero la taza ya sólo está sucia de chocolate rebañado, ¡y gracias!, y unos cuantos papeles arrugados la rodean. Finalizado ya el baile, sale de su atmósfera aislante. Primero, mirando hacia la derecha, mira el Ateneo que se recupera como puede de la digestión tras los ventanales que, en éste y en todos los otros, siempre dan a un patio interior. En el patio, el tierno verde acostumbra a enmarcar por completo los ocres de los viandantes. Pero en los ocres oxidados del Ateneo de Ilota, el de las señoritas de museo indscriptible, ni el más verde más tenso e intenso puede rectificar un solo milímetro el rictus, tan osadamente grosero, que las distingue. Las distingue y las anima a seguir recorriéndolo con fuerza a cada palabra dedicada que se dedican en tre sí y al resto del mundo y que de vuelta purgan con vacíos, rencores crónicos y miserias de una vida dedicada a la galería y a las tardes como cuando eran niñas, en el patio. Ilota, en el café, ya hacía muchos años que se había refugiado de ellas que, a su vez, seguramente la habían olvidado decidiendo que era una desafinada mental. En cambio, si un u otro caballero ateneo, sobre todo de los que digerían en casa con la mujer o de los viudos con los suyos la vida y que a media tarde unas damas o un ajedrez los esperaban, quería disfrutar de la compañía de Ilota, en conversación, de dama, sabían que ella era una gran conversadora siempre y cuando no estuviera bailando un pas de deux sublime.

Habiendo registrado la derecha y repasada la barra del frente con la consiguiente sonrisita al camarero, Ilota se lanza por el acantilado de la ventana cayendo en los restos arqueológicos que ya hace años han paralizado el lado izquierdo del Ateneo... Chicos y chicas trabajan haciendo prácticas universitarias, pero también hay tres jefes de expedición. El mayor de los tres, que más que jefe debe tener el título de veterano, dirige la excavación desde la experiencia. Lleva un pañuelo enredado en el cuello e Ilota piensa que si se lo colocasa a la altura de los ojos... !podría ser su bailarín desconocido! Enrojeciendo de nuevo, aparta los ojos de la ventana y busca el monedero para dejar las 225 ptas sobre la pista de baile blanca. Sonriendo, y todavía un poco acalorada por el abrazo del último bailarín, se levanta y, asegurándose el zapatito de cristal, sonríe el adiós al camarero antes de salir por la entrada principal.

Con no sé qué encanto volador, el primer peldaño de la escalinata que la ha de bajar hasta la calle se apodera de su zapatito de cristal que sale disparado hasta el pie mismo de la misma escalera. Recitando una especie de letanía progresiva, cojea misntras baja. La dicción de la letanía, musical como es ella, lleva incorporada una musicalidad muy íntima. Llegando hasta donde se encuentra el zapatito, Ilota piensa por unos segundos que si tanto se quiere quedar por aquellas tierras tal vez sea mejor que no lo recoja y que se quede allí antes de que, con una nueva caída del zapato, ella vaya detrás. Distraída, pensando esto y sin dejar de entonar intimidades rebeldes, una mano que no es la suya recoge el zapatito que se vuelve de un cristal iluminado reflejado en los ojos del hombre que tiene delante. ¡Es el veterano arqueólogo! ¡El del antifaz, pero sin! ¡El bailarín que, como antes, la vuelve a hacer enrojecer!...

Él se lo entrega y ella, apoyándose en la baranda, se lo pone dándole las gracias. El veterano arqueólogo, que se ha presentado dándole la mano y su nombre después de devolverle el zapato, le dice que como viandantes del Ateneo ja se volverán a ver y a encontrar. Ella, asintiendo con la cabeza, se incorpora del todo y bien sonrojadita, después de otro gracias, ya está en la calle donde se le empieza a escapar la risa, nerviosa y viva.

Como nunca se le había visto antes, el veterano arqueólogo, y también ateneo, sube los peldaños enamorado, volviéndose cada dos o tres por si la vuelve a ver. Ya en recepción, alguien le pregunta si se ha perdido porque a aquellas horas nunca se deja caer por el Ateneo. Excusando su presencia por un problema en la excavación que los ha paralizado, empieza a mostrarse nervioso cuando se da cuenta de que quien había perdido el zapato en la escalera... ¡no le ha dicho ni el nombre! Pregunta por ella a dos o tres por si la han visto bajar y la define como la señora de la música, una señora que se parece a una "preciosa caja de música". Las dos o tres personas coinciden al decirle que él siempre se pasa el día haciendo descubrimientos, dentro o fuera de la excavación..., pero ninguno de los dos o tres puede decirle algo de la señora caja de música.

Estoy a punto de ir a explicarle todo lo que sé cuando veo que se dirige decidido al bar a hablar con el camarero. Él le dará unas coordenadas más fiables que las mías imaginarias que incluso se han inventado su nombre... ¡Pero vete tú a saber!, para no jugar la vida con las herramientas afinadas socialmente y prestablecidas en abstractos museos, ¡Ilota... muy bien podría llamarse Ilota!

(NEXOS, traducción cuento nº 9)

 

 

EVADÁN

 

I

 

Molinillos de viento, cientos de ellos, todos de distintas medidas y de

papeles tejidos distintos, cubren de idénticos blancos la pared blanca

que enfrente del sofá, tapizado con antiguas sábanas blancas, se desliza

por el apartamento para asomarse, al final, al mar. Los molinillos, como

si fueran parte de una obra maestra, se han ido colocando meticulosamente

en desnivel desde un centro que, rigurosamente, a cada uno de ellos les

ha hecho conservar los márgenes a los límites de un marco invisible, en

uno de esos órdenes fantásticamente desordenados que sólo se rompe en la

parte superior donde se esparcen hacia el techo, algo tímidos aún, como

si se trataran de una exótica hiedra blanca que crece por necesidad al

florecer. Echado en las sábanas y dejando que una mano resbale para

hacer compañía a los cojines esparcidos por el suelo de textura fresca,

casi mejicana, de una tierra clara que parece lista para moldear, admiro

el espectáculo de enfrente esperando que la música sensual y escurridiza

que me recorre por fuera y por dentro, bailando brasileira, clara y

radiante, se acompase con el aire que instrumenta los molinillos,

atravesándolos y afinándolos corriente a corriente. Las casi inexistentes

transparentes cortinas nunca entorpecen el paso del aire que no duda

ni un segundo en fijar su movimiento en las alas de los molinillos,

rodando y rodando, haciendo enloquecer a alguno de los más chiquitos

que, de vez en cuando, se atreve a volar...

 

Todo es blanco alrededor y lo que le rodea necesario y, aunque

todo da luz por su color, es la del movimiento de los molinillos blancos

la que, por arte, le habla de hogar a mi alma; al cuerpo lo sostiene

la mirada que, tras llenarse de azul, pino, arena y roca, se acurruca

en este blanco hecho a medida que me adamasca con luz.

 

No existe el mobiliario donde nada es móvil y aquí todo está desde

que lo imaginé, soñando... a excepción de los tres jarrones de agua que

siempre esperan flores y de las velas, jóvenes o moribundas, transeúntes

(las vírgenes las tengo escondidas...¡Si no han de arder aún, que no me

las funda el sol!); en la cocina hay tres excepciones más, imprescindibles:

el necesario negro del café en la cafetera siempre listo para tomar y

el rojo oscuro del vino que cada mediodía está a punto para ser saboreado y

el azular de los humos cocinados al filtrarse por la ventana desde la

encimera a la campana. En una esquina, la excepción más colorista, un

vicio de un verde muy intenso: menta en planta.

Aquí, en la cocina, como en el baño, el resto de necesidades se esconden, 

evadiendo etiquetas, letras, marcas y números... y demás potingues 

coloreados en armarios, cajones y otros escondrijos. Los caprichos, por 

prohibidos, más escondidos aún.

Las dos habitaciones lo son cuando en ellas se hace el amor. Si no,

un par de almacenes que me guardan cualquier mobiliario menos el humano... 

incluso el humo de los ceniceros ha desaparecido desde que dejé de fumar y, 

como ya no me acuerdo si tras amar se fuma, también han desaparecido los 

ceniceros.

 

...Colchas, alfombras, platos, grifos, celosías, manteles y sillas...

y todo el resto que no necesariamente pueda fácilmente nacer en blanco,

aquí lo es en señal de...¿ofrenda? (...)

No hay efectos personales expuestos ya que respetuoso a mi manera

lo están en sangre, en mis quehaceres, en mis ademanes, en los acentos de mis 

momentos íntimos... y en los rostros que en sueños y recuerdos entran

en la memoria o directamente, después de llamar, entran por la puerta...

 

Con todo, aquí, son pocos los efectos, especiales, personales. (Los

"reales", esas cosas que se guardan como recuerdos y que están muy bien

bautizados ya que algunos de ellos si no se ven se olvidan y con ellos su

historia, los guardé en cajas de distintos almacenes, una especie de

cementerios donde al menos su movilidad reposa).

Y como en un ritual voy descalzo de pies a cabeza y, siendo sólo un

mobiliario solitario en la ofrenda, no soy irreverente. Desnudo, el blanco

no se ofende y te tatúa, sensualmente, su especia, invadiéndote todo el

cuerpo desde dentro...

¡Incluso necesito arrancarme las gafas, ahora tan necesarias!...

...

                                                                                             (EVADÁN, capítulo I)

 

 

 

 

OOO

 

 

En un poema meu, i en faig referència humilment i explicativament, vaig escriure:

 

"... Si a vegades tinc respostes

és perquè no he entès del tot

el significat de la pregunta

..."

 

 

I segueixo creient que és ben cert perquè, contràriament, si em fixo molt bé en la pregunta fins al punt d’arribar a encertar què comanda, me n’adono que com a mínim dues respostes se’m presenten ambiguament... Llavors, normalment, a sorts, trio.

 

 

 

OOO

 

 

Concurs en el que els punts suspensius rere les preguntes que estan esperant resposta no són punts, sinó que són cercles. Això vol dir que l’existència d’una resposta exacta i única és molt relatiu a l’objectivitat ja que la subjectivitat en dóna moltíssimes per bones, potser infinites fins i tot.

Amb la premissa de què els dos grups de concursants de dos membres cadascun poden haver encertat la resposta, tot i que la d’uns estigui a les antípodes de la dels altres, serà un jurat l’encarregat de decidir davant de cada nova resposta quina de les dues donades és la més "encertada". Aquest jurat popular triat a l’atzar, estarà format per diferents membres que via telefònica sentenciaran, després d’argumentar-se, des de casa.

L’enginy que demostrin les parelles de concursants alhora de crear respostes més o menys espontàniament, els proporcionarà l’èxit.

Cada resposta sentenciada favorablement els proporcionarà un ciri i el que tingui més ciris al finalitzar el programa guanya... I amb tant ciris això va a missa!(jeje...era una broma, ja sé que fressada, però broma!)

Alhora de donar les respostes tots els llenguatges dels que pot disposar un home i una dona seran vàlids.

 

 

Si busquem extraordinàries respostes que enamorin al jurat i, de pas, a l’audiència, just és que fem preguntes que puguin estar a l’alçada emprant, doncs, des de preguntes minimalistes (I?, On?, Com?...) a preguntes existencialistes (Som? Qui t’assegura que tu ets tu?, Quan penses, pensa Déu?...) passant per preguntes surrealistes (Quan vivies al costat, a part de ser un musclo, a què et dedicaves?). Les preguntes sobre la gent del cor dels contes infantils (La Caputxeta vermella, fa l’amor amb o sense?, ...), les preguntes sense sentit, però amb molt sentiment (Quan perdis la virginitat, com ho faràs per no perdre-la mai més?...), juntament amb les preguntes sensacionalistes (Per què la teva xicota no pot recuperar la seva roba íntima quan se la deixa oblidada al teu apartament?...), com que formen part de la zona més calentona del programa, cada resposta escollida pel jurat no obtindrà un ciri, sinó que en rebrà dos!

 

Doncs au!, a inventar les millors respostes, que per a això som lliures!... encara.

 

 

 

 

OOO

. Part humana.

 

. Una veu en off  és l’encarregada de formular les preguntes.

. Cada duet de concursants té el seu corresponent ajudant que, a més, és la seva millor claca.

. Els dos equips de dos membres cadascun.

. Al plató, durant l’enregistrament, hi ha un grup discret de públic, distribuït a banda i banda, tot just per fer costat als concursants.

 

 

OOO

. Part logística. Atrezzo. Espai i material.

 

. Estudi clar i lluminós.

. Tamborets alts de bar, blancs, per a tothom, públic inclòs, col·locats irregularment. Els quatre dels dos equips de concursants, més avançats, tenen enmig una taula cadascun, també alta, on aniran deixant els ciris que guanyin.

. Un premi doble per a l’equip guanyador.

. I els ciris. Blaus.

. La banda original de OOO és un fragment d’un dels "Cafè del Mar" o similar.

. La careta és un continu encendre espelmes que sistemàticament es van apagant. S’encenen en la fosca i per qualsevol angle de la pantalla, però acte seguit s’apaguen, fins que de cop i volta, encenent-se totes a la vegada, es fa la llum!

 

 

                                                                                                   (Projecte de guió per a TV, 2002)

 

 

 

EL TEMPORER DELS GIRA-SOLS

 

El passadís davant dels compartiments amb lliteres per a turistes adormits estava desert. Bé, al fons hi romania el cos cepat i morè del Joan Mas a qui el seu propietari, després de tancar el bar com un més del servei, havia abandonat tot just instal·lant-lo a l’alçada del seu compartiment sense entrar-lo, encara, a estirar. El cos del Joan allà, darrere, i la seva vida, mirada enllà, impresa al finestral que tenia enfront. Amb un vaivé que ja havia perdut paral·lelismes amb la música a dues veus dels vagons i les vies, ara mirava la Nit, ara es mirava els ulls i no es cansava de comprovar que mirés el que mirés veia vida i il·lusions i viatge, un viatge que després de molts anys contemplava com estava fent de bracet amb la Nit, i no com s’havia cansat de veure-li fer a la Nit tota sola des de la finestra de casa on, a trenc d’alba, quan ella ja arribava a un destí o altre , el Joan, gelat, seguia palplantant-se rere un vidre que el petrificava.

Així, viatgers el dos, tot i saber que havien de tenir un bon destí diferent, s’engrescaven, ulls enllà, en intentar-se atrapar per cavalcar en un llom comú una estona... El Joan, però, arribaria a Paris on esperaria un nou tren que el portaria a Roma, i la Nit, per no se sap ben bé quina cruïlla, seguiria camí... definitivament perduda per un dia. Ja es retrobarien a Roma i a on fos. Mentrestant, viatjaven junts. El Joan, realista, endevinant que no la podria atrapar de cap manera, optà per no deixar-se anar del braç que li estenia fins al finestral i confessar-s’hi, després de tantes propostes com li havia defugit. Ara, finalment, orgullós com n’estava de sí mateix, ho podia fer pouant-se, a glopades, l’ànima.

 

La Nit, doncs, ja feia molt que l’esperava.

 

El viatge en bona companyia, encara havia de dur-los a un destí millor. Al Joan, que feia poc havia tornat a aprendre a nuar l’ànima i encara no s’havia fet amb el secret de saber-la vestir amb els pensaments i molt menys amb els mots correctes, li costà encetar la conversa amb la seva retrobada Nit. Una cosa sabia molt bé i era on anava i carregat de quina quantitat innombrable de perquès.

 

La Nit l’escoltava mentre li explicava les respostes...

 

... A Roma li esperava un altre retrobament, l’Elizabetta, que portaria dessota el braç el contracte d’aquella proposta per treballar en el seu ofici, de restaurador, en el negoci familiar que tenien a la capital. Una proposta que l’Elizabetta s’havia encarregat, insistentment, d’anar-li renovant, Nadal rere Nadal, oferint-li com una autèntica felicitació de festes al Joan que, tot i repetitiva, aquest no havia deixat d’esperar al llarg dels vint anys que feia que havien conclòs els seus estudis d’art a Barcelona. Ara faria un més justet que el Joan havia rebut la darrera felicitació, la que havia de ser l’última de l’Elizabetta, ja que lluny de respondre-la com totes les altres amb aquella corrua carrinclona d’excuses i incrèduls bons desitjos per a tots, des dels seus inexistents familiars vers els desconeguts fills i marit de l’Elizabetta, s’afanyà a agafar-li, vint anys després, la paraula i directament per telèfon. A l’endemà de rebre la carta ja tenia feta la reserva del viatge que ara estava realitzant. A Roma ja es posaria al dia i sobretot a la pràctica de tots aquells cursets de restauració fets a distància i quasi d’amagat d’ell mateix durant els darrers anys. El Joan, tot i saber que les tècniques havien evolucionat i que amb la màxima senzillesa s’hauria d’instruir de nou amb tot el que no havia sabut aprendre, es feia fort per assegurar-se resistències pensant que l’art no hauria pas deixat de ser-ne i que el passat no es posaria al dia només per tecnificar-lo més... i que les seves mans seguien tenint el pols que ja li havia envejat l’Elizabetta anys enrere.

 

A la Nit li anava quedant clar que endavant, a Roma, el Joan hi tenia el somni, la casa i el benefici... i en aquest ordre, dins un cercle que es tancaria amb fermesa, el destí, que des d’aquí li desitjava molt noble, i que ja se l’explicarien. En canvi, a la Nit se li conservava, creixent, un dubte immens sobre el perquè ara passava el que passava i per què no havia passat abans... Per què ara s’agafava un tren que feia vint anys que s’esperava a l’andana?... Quina raó s’imposava ara que durant vint anys s’havia ignorat?...

 

Talment llegint-li el pensament a la Nit, el Joan, gaudint d’un somriure inevitable, introduí al Markus a la seva confidència nocturna amb una abraçada i una empenta com les que li havia propinat el mateix Markus per fer-lo pujar al tren i així acabar amb el que tenia tots els números per a convertir-se en un etern acomiadament a l’andana i on els mocadors blancs i un excés de tels lacrimals als ulls, haguessin deixat tan sols transparentar, i amb dificultats, la perfecta claredat de les seves mirades que, satisfetes, els havien fet dir-se adéu amb un somriure ple. Realment era cert que el Markus era qui havia dut el Joan fins al tren, però no pas, només, literalment.

 

La Nit començava a rebre resposta.

 

El Markus aparegué a la seva vida al setembre, tot just ara faria cinc mesos. Buscava feina per una temporadeta i al poble li indicaren la propietat del Joan Mas com la més adient, amb l’únic inconvenient que per a un noi jove i sense transport propi com anava, aquella finca quedava molt retirada del poble... i de tot en general. El Markus, que amb només vint-i-tres anys ja arribava de molt lluny i que tot just volia uns diners per poder seguir viatge, vida i disbauxa, pensà que unes setmanes de recessió no li podrien fer cap mal, i per dura que resultés la feina a cal Mas que, com li havien indicat, seria en camps de gira-sols, el fet d’arribar al vespre i ensopegar-se amb nits llargues i tranquil·les farien que, reconfortat, es pogués recuperar dels esforços del dia i un pèl, també, de totes les nits conegudes, tant excitants i esbojarrades com curtes. Els vint-i-tres anys del Markus venien de Grècia i, potser fent els honors a la seva pell mig albina i pigada molt de tant en tant, estaven puntejats amb nets punts i final, res de punts i a part esclavitzants i molt menys de punts suspensius cagadubtes.

 

La Nit, en aquell punt de la confidència, entengué perquè encara no tenia el plaer de conèixer el Markus. Amb unes cites tan breus i tants punts i finals, no hi havia hagut lloc ni temps per a més coneixences de les necessàries... i el Markus encara no havia decidit presentar-se-li i intimar...

 

Amb les coordenades de la seva excepció vital, ben segur saludable, el Markus, fent autostop primer i, des del quilòmetre indicat, caminant després, s’adreçà fins al món, condemnat a girs malaltissos, del Joan on, sense saber-ho encara, hi hauria d’esdevenir l’atleta-guerrer versat en inconscients enfrontaments amb allò que deia un poeta, compatriota seu, sobre les desfetes i la seva universalitat. Abans, però, el Markus hagué de creuar el centenar d’hectàrees de gira-sols que cobrien la propietat del Mas i la majoria de finques del voltant. Contradictòriament, però, amb unes matemàtiques comprovables des del cel, totes aquelles terres estaven perfectament pentinades, per una banda, pels camins ressecs de clenxa impecable i eterna, i per l’altra, pel traç esgrafiat amb prou delicadesa dels tubs de l’aigua de rec que, terrestres o aeris, l’humitejaven ventallant-la romànticament. El Markus, mentre les creuava, tant ara per primera vegada com després ho faria treballant, s’hi sentí, talment confessaria més endavant al Joan, una mena de minotaure que seguint aquells camins laberíntics sense cap visibilitat que no fos lineal, frontal o bé enrere, veia com els murs altíssims dels frondosos gira-sols l’observaven de reüll mentre, dissimulant, feien veure que estaven ocupats flanquejant els camins i que sí o sí es miraven el sol, només perquè se li giraven de cara...

Finalment, assedegat i empolsegat, el Markus arribà a la porta principal de la masia del Joan Mas. Esperà a que ningú l’obrís i, recuperant del terra la bossa amb el mínim equipatge que algú pot dur, decidí donar la volta a l’abandonament regnant. Tres jeeps aparcats i unes veus després, donaren, però, fe de vida. Rodejant la casa, topà amb una altra caseta que més tard sabria que seria la seva, i després amb els graners, on quatre homes li assenyalaren que el que era més al fons era el senyor Mas. Els quatre pagesos no deixaren de feinejar, però el Joan Mas, per uns segons, paralitzà totes les seves tasques, fins i tot el bategar del cor, quan mirà als ulls de qui acabava d’arribar i, tot i que no ho havia entès massa bé, semblava que buscava feina... Sostenint de nou amb força la pala que, recolzant-s’hi abans, havia pres com un necessari bastó, li digué, assegurant poc a poc la veu, que si la volia, tenia feina per a un parell de mesos... Amb l’acceptació del Markus, un Joan refet i xerraire com mai l’havien vist els altres pagesos, que se’ls estaven mirant astorats, li mostrà la feina que hauria de fer allà mateix, als graners, ordenant gra i el que anès arribant com també, en un circuit de matí i tarda, hauria de recórrer en jeep tota la propietat comprovant el rec dels gira-sols. Tot i que aviat es posaren d’acord, el Joan no deixà de trobar nous arguments per seguir xerrant. Li explicà al Markus que l’últim temporer havia hagut de marxar abans d’hora per problemes amb la família i que no n’havia aparegut cap d’altre en tot l’estiu fins llavors... i que ell no es dedicava a anar a buscar mà d’obra, sinó que si arribava, bé, i si no, també ja que sempre quedava feina per fer a la propietat i, sense massa esma, tota a la que ell no podia fer front la donava, venent-la, a d’altres com aquells quatre pagesos veïns de la comarca... i que, en general, els deures amb els gira-sols se li feien excessius... i que de fet, el seu gir, l’embogia!

Vesprejant, els pagesos s’acomiadaren amb un tarannà tan eixut com el camí sense enquitranar que els seus dos jeeps enfilaren, tot travessant un principi de camps de colls tous i caps cots. Llavors el Joan feu pujar al Markus al seu jeep i li mostrà els camins sense pèrdua del laberint que havia de resseguir dos voltes al dia. Arribats de nou a la masia i, amb un Markus deixat al bon recer de la caseta dels masovers, evidentment deserta, quedaren per sopar a les deu. Normalment ho farien a les nou i mitja.

Soparen a la cuina.

Porró enllà, la jovenesa extrovertida i un pèl salvatge del Markus s’apaivagà i es va anar posant a l’alçada d’un Joan que, tot i que continuava inexplicablement xerraire, havia anant modulant la conversa fins arribar a un caire molt més personal. Drenant-se amb visceralitat, anaren apareixent els deserts i la solitud del Joan, omplint l’acollidora cuina amb tots els anys d’art deixats enrere que anaven fent acte de presència amb diverses anècdotes i els seus testimonis. Tota una vida anava entrant dins aquella cuina deixant-se restaurar per la veu melodiosa del seu protagonista. Mentre el Markus, atentament, seguia escoltant, el Joan no deixava de veure-li als ulls allò que no havia vist mai més des de que per última vegada, feia vint anys, s’ho havia vist a la seva pròpia mirada poc després que li comuniquéssin, de cop i volta, que el seu pare s’havia mort... i havia de deixar Barcelona per tornar al seu lloc i heretar-lo... Allà, a l’enterrament del seu pare fou on, emmirallant-se el rostre en les llàgrimes dels altres, veié per darrera vegada aquella llum que sentí perduda per sempre més... però que ara, momentàniament, recuperava des dels ulls del Markus i malaltissament volia aprofitar el temps abans que el conjur desaparegués, ara sí, per sempre més.

Així, el Joan estava fent vulnerable tot el somni que ni a la seva dona havia estat capaç d’exposar, ni tan sols abans de què l’abandonés a ell i al seu regnat d’absolut or giratori de mentida! Potser si li hagués deixat esbrinar qui realment era el Joan... però de ben segur ja era massa tard... i quasi bé res es podia salvar de la vida compartida... potser els fills que no tingueren...

Amb tot, el Joan es sentia amb l’edat del Markus i, sense comptar el temps, evocava converses que ja havien estat conversades a l’escola de restauradors de Barcelona i on, de tant en tant, apareixia l’Elizabetta parafrasejant els clàssics del somni que tenien i que consistia, bàsicament, en caure en gràcia a Déu per poder ancorar, Vaticà endins, a la Capella Sixtina!

Cuina endins, el Joan aviat obvià una herència de gira-sols que l’esclavitzaren i recuperà, des de la llum als ulls del nouvingut, els colors vius dels somnis empolsegats dels pigments, pinzells i d’altres estris que semblà durant vint anys que havien anat a parar quasi bé a enlloc i, en canvi, apareixien roents en unes golfes il·luminades a la mirada del Markus.

Perduda també entre els gira-sols, llavors tan llunyans, quedà la seva rutina de feina i la de l’anada periòdica al mercat del poble, en la que no feia ni poble ni amics ni hi trobava dona per a la resta de la setmana... ni res de res... i amb lo agnòstic que s’havia tornat, si es tractava de resos, ho tenia tot perdut. Els kits d’art massa programat als que estava subscrit anualment i que amb recança i pors es consentia sense creativitat, també romangueren escampats entre els gira-sols que s’allunyaven i que junts es diluïen sota el rec ininterromput dels records... El gir mecànic de la seva vida es desgavellava quan la lluna, substituint el sol, mareava il·lusió.

Des d’aquella primera sobretaula eterna, la cuina acollí, vespre a vespre, i com mai abans havia fet, un Joan que, confiat, es deixava anar en plenitud. El Markus, agafant afecte al Joan que certament, allà, tenia els seus mateixos anys, decidí donar-li un cop de mà. Des de fora es podia endevinar que era tan fàcil com semblava. Amb una estratègia que passaria de ser passiva a creativa, les primeres nits escoltaria atentament i després, quan s’hagués après fil per randa el Joan, ja actuaria.

El Markus, de dia, tot i els esforços que havia de fer per llevar-se, treballava de valent. El Joan, que mecànicament es sotmetia a les seves obligacions, esperava amb delit els vespres i les seves sobretaules i alliberava, de nou, més conversa que sabia molt bé on havia deixat la nit anterior. El Markus, de nit, seguia construint el seu fort pont entre l’elidit Joan de maleït avui i el Joan d’un estimat ahir que, en un joc de miralls des dels ulls, traçava un camí d’anada i tornada, des d’aquí fins allà i, amb esforç, l’hauria de saber fer des d’ahir fins aquí... tot travessant, en nom del Joan, les seves ombres, ja que el Markus sabia que a les fosques alienes hom, si ho vol, sempre hi sap veure amb més nitidesa.

El Joan havia trobat, en la confiança absoluta, una font veritable de joventut nocturna. De dia, seguia mantenint a ratlla els gira-sols que, fosquejant, perseguint tossuts el sol quan queia al front de la cuina, rere la masia, s’adormien esgotats d’espatlles a les converses. El Markus, en silenci, tenia cura del cor obert de l’amic.

 

Setmanes després, quan el Markus reconegué en el Joan la tragèdia d’un noi que, per culpa d’una herència que mai sabria fer fruitar perquè corresponia amb el mateix desamor que rebia, havia hagut de renunciar a una Roma que, mitjançant les enamorades abraçades de l’Elizabetta, l’esperava amb els braços oberts, llavors, estigué preparat per canviar l’accent callat de la seva estratègia. En aquell moment, en el que el Joan era tot el que sempre havia volgut ser dins l’espai que era capaç d’abraçar el Markus, que tot i mínim era suficient, s’havia de poder transgredir tota la resta amb totes les seves desgraciades lleis. Ara o mai, i el Markus ho sabia. Mai més el Joan tornaria a ser ell, i menys tan fort com en el que s’havia refet ara. El Joan ni tan sols s’havia aturat a pensar de què podria servir el fet que durant tres mesos s’havia escarrassat en fer viure el passat, a part de reviure’l per poder-lo matar quan després marxés el temporer. El Markus, però, sí que ho sabia i només li faltava el toc de màgia real que, segurament estaria a punt d’arribar com així havia entès que seria, després que el Joan li ho recordés una infinitat de vegades. I així fou. El detonador del viatge de tornada de l’ahir al aquí s’estava dins el sobre de la carta de l’Elizabetta, acabada de rebre, i que de moment, talment tots els anys anteriors, el Joan la devorà. Havent-la llegit amb plaer, li oferí al Markus perquè li donés un cop d’ull. Aquest sabia que per sí sol el Joan no podia fer res més que el que havia fet sempre: llegir-la, guardar-la al calaix de l’ànima i posar-se a esperar la del Nadal següent; ni ara que per poc que fos la seva veu tenia ressò, podia fer-hi més. Havia, doncs, arribat dins la carta esperada el revulsiu que sols el Markus en podia ser l’encarregat de connectar. Fent ús de l’autoritat que el Joan, confiant-s’hi, li havia anat oferint i que ell havia anat emmagatzemant, havia arribat també l’hora de posar-la en pràctica i amb la força que té qui et sap, fer la passa en nom de l’altre. Solemne, el Markus, quan hagué donat un cop d’ull a la carta de l’Elizabetta, s’atansà al telèfon. Silent i sense dubtar-ho, marcà el número que apareixia al final d’una adreça de Roma.

Només unes mil·lèsimes de segon es permeté el Joan quedar-se en blanc, com el primer dia que veié el Markus, i amb un ciao acaronat durant anys, perfecte en els seus sentits, respongué la seva salutació a la veu estimada de l’Elizabetta.

 

La Nit, viatgera, somreia amb la lluna...

 

El Joan seguia conversant per la Nit, rere el finestral, sentint que aquella conversa formava part d’un darrer obsequi que amb algun llampec d’efecte secret i màgic més, de la seva mirada, el Markus li havia regalat com a equipatge de mà. Despert, sols mirada enllà, quasi havia oblidat que el cos que semblava adormit darrere havia deixat enrere vint anys perquè els heretés qui volgués... i les collites, immediates i futures, als veïns... i la casa, tancada.

Anava endavant, cap a Roma, i als perquès els havia anat desfent els nusos, nit enllà. La Nit, ara, també començava a desfer-se i el cos del Joan que, sospitosament, recuperava el moviment sense sentir-se cansat, es desvetllava amb maduresa la jovenesa desordenada apresa als ulls del Markus. El triomf d’una necessària revolta casolana de setembre, l’estava arrossegant pel cor, definitivament, a demà, on, anys més tard, es referiria al Markus com el seu figlio rodamón per no haver d’explicar com, inexplicablement, sentia que realment era el seu pare.

 

La Nit, desapareixent pel dia, tranquil·la, podia finalment respirar el que ja sabia.

 

Lluny i allunyant-se també d’allà, el Markus prosseguia el seu camí. Recordant per un sol instant al seu amic viatjant cap a Roma, es feia creus dels anys que es podia arribar a caminar per fer després, en segons, el teu viatge... Sense haver entès massa bé el que el Joan li havia vist als ulls i que li havia fet fer d’ell un esperit antic insurreccionador que en braços de consentiments, primer, i de comprensions, després, s’havia fet, com sempre hauria d’haver estat, amb el control..., seguia horroritzant-se amb la pell.

Punt i final.

Amb els diners que pot donar fer de temporer als camps de gira-sols a la butxaca, el Markus decidí que el que havia de fer ell era seguir arribant als móns que l’esperaven perquè el necessitaven per a poder existir i fer-ho sempre des d’un viatge farcit de coneixences i moltíssimes nits curtes, vives de vides exultants... com la vida que tenia aquella noieta que se l’estava mirant de reüll mentre prenia, recolzada al marc de la finestra, el sol. Una vida que veia fruitar a la mirada del Markus un paisatge de camps apaïsats fets de tant mosaics com ulls s’havia mirat quan, des dels ulls, fets vitralls humits, havia sabut beure-hi un glop d’ànima... un paisatge on ara ella reconeixia, tot i que fossin d’altres, les certeses i els somnis i un demà per fer...

 

Avui serà ella qui no deixarà que el Markus es presenti a la Nit. Les dues saben que ella no pot esperar el que la Nit sí podrà.

                (EL TEMPORER DELS GIRA-SOLS, conte, 2002)

 

 

ERNEST Y ASOCIADOS

 

Ernest y Asociados.

Pintores retratistas de mujer... desnuda.

No sexo.

Esto reza la tarjeta que le ha dejado el hombre del sombrero blanco en la barra, cerca de su copa, antes de abandonar el bar. Antes de salir, se ha despedido del camarero diciéndole que se volvía al estudio, -... ¡A tu refugio de voluptuosidades! - le ha contestado el último. Sonriéndole a él y mirándola a ella por última vez, los ha dejado.

Absorta como está por la fascinación a la que la ha sometido el del sombrero blanco, sigo leyendo todo el espectáculo de seducciones representado a mi derecha que, medio metro más allá de la barra, protagoniza la chica.

Ella, dejando la copa, acerca su mano, preciosa como el resto, hasta la tarjeta que recoge para acariciarla distraídamente... La recorre desde muy adentro, aunque sin mirarla. Ya se la sabe, memorizada en la primera ojeada.

Sabe que ya se veía todo un personaje, Ernest, con aquel sombrero blanco... ¡Pintor!, claro,... ¡Especial! Así pues, le había hecho una invitación con la mirada, enviada, casi rozando, durante toda la noche y finalmente sellada con su tarjeta para que no hubiera equivocaciones.

...El sombrero blanco... Un refugio de voluptuosidades... ¡No sexo!...

Huyendo de las posibilidades de engaño, la chica empieza a drenar historia mirando todavía a Ernest y va trenzando sus pensamientos, acariciada como está por la intensidad que él le ha regalado desde sus ojos. Pero una mirada tan personal como la de Ernest, ¿cómo debía compartirla con los asociados?... Porque Asociados no debe ser su apellido, ¿no?... Seguro que no porque había leído el plural en Pintores retratistas... No le cuadraba tanta intimidad en los ojos para después tener que asociarse la mujer a un plural. Decide casi pensar que Asociado es apellido... ¿artístico?... y que las eses son un error de imprenta. Ernest es lo que ha visto. Y, de hecho, en el explícito No sexo se evidencia unos propósitos exclusivamente artísticos... ni que en la barra todo el cuadro haya parecido repleto de propósitos, incluso artísticos, sí o sí de cama... (Y con esto no quiero decir que ella no crea que el amor no se pueda hacer en la cocina, en el balcón o en la despensa de una amiga, pero es que me es la manera más clásica y cómoda, sobre todo cómoda, de referirme a ello).

Por un momento me parece celosa del arte, sintiéndose considerada más como una naturaleza viva que realmente una mujer, pero tal vez me equivoco...

Desde la inquietud que siente entre modelo o amante, aseguraría que mi compañera de barra suda temblorosa mientras arde en deseos de saber cómo tiene que continuar la historia.

Repasada la tarjeta infinidad de veces, la aprieta con fuerza por primera vez y, con un deseo absoluto del No sexo que contiene, cruza volando el bar hasta el teléfono público. La mirada de Ernest, que siente omnipresente, la sigue forjando divina y como tal cruza el resto de mortales por encima sin ni siquiera darse cuenta de que estamos allí. Desde muy adentro, ya va desnuda y ella misma no es nada más que un cuadro en el que las miradas pinceladas de Ernest van creándola, de nuevo, por primera vez. Con este renacimiento en la piel de los ojos, ha abandonado su identidad de chica de barra para ir a formar parte de la historia del arte de Ernest.

Con un No sexo que la provoca desmesuradamente, y atrincherando los pocos temores tras un no que también los precede, introduce las monedas y marca un teléfono que, un servidor mal observador, hasta ahora, no sabía que existía al otro lado de la tarjeta y escrito a mano. Ella ha dado por hecho, ya hace rato, que el número no estaba impreso porque la bohemia de Ernesto lo condenaba a un estudio móvil... y, como llamaba a un fijo, también deducía que odiaba ser localizado eternamente.

Mientras ella ordenaba renacimiento y logística, yo, como un simple mortal, me acerco tanto como puedo haciendo que nos rocen las espaldas levemente cuando alguien me empuja yendo hacia el lavabo. Contradictoriamente, estamos en medio del paso de las necesidades fisiológicas más elementales y una de las artesanías más ciertas del alma. Así es la vida y la seguimos viviendo en la vertiente que nos impera. Ella, perdida dentro de su desnudo, a cada mirada mejor dibujado, esboza una sonrisa para recibir la voz de su creador...

- ¿Sí? - debe responder alguien.

- ¿Ernest? - ella.

- Sí - debe responder él.

- Hola, soy... la chica del bar Salo - responde confundida por la identificación.

- Hola... - o algo así, pero poca cosa más debe responder Ernest, seguramente expectante.

- Me gustaría que me hicieras un... retrato... - dice dudando en los plurales y, sobre todo, en sus finalidades.

- Un retrato desnuda, ¿verdad? - debe decir Ernest asegurándose una buena comunicación.

- Sí, un retrato desnuda - dice sin miedo, aunque involuntariamente siente el cosquilleo de infinitos pinceles por todo el cuerpo.

- ¿Ahora? - debe preguntarle Ernest.

- ¿Ahora? - ella.

- Nosotros estamos libres, listos... dispuestos... – o algo así en el que el plural de Ernest inquieta la voz de placer de ella que se cubre la desnudez y dice:

- Pero... – renovando sudores que iluminan la piel de la chica de siempre - ...¿Quién es "vosotros"?

- Los míos y yo – debe decir él.

- A ti te conozco... pero, ¿quiénes son los tuyos? – insiste ella, aunque doliéndole.

- Mis socios. ¿No has leído la tarjeta? Lo pone bien claro... – debe decir.

- Sí. Claro que la he leído... – y dejando el tono políticamente correcto de los temores, vuelve al cielo bromeando - ¿Todos haréis el retrato? ¿Cuántos sois?... – provocativa, vuelve a sonreír sintiendo de nuevo las puntitas de los pinceles.

- Somos muchos... y sí, te retrataremos todos a la vez... - Seguramente Ernest coge el tono, pero debe proseguir... - pero como te decía... todo lo pone la tarjeta suficientemente claro... y el No sexo también -.

- Me fío de nuestro contrato de tarjeta – acaba asegurando ella – Dame la dirección y voy... ¿Te va bien? -.

- Me va bien... – y Ernest le dicta una dirección muy breve que ella ni apunta: también la memoriza en la historia.

- ¡Hasta ahora! – y cuelgan sin dejar de mirarse... como no lo han dejado de hacer desde que se han visto por primera vez ya hace unas horas antes. Ella, con la noche, se desnuda de nuevo dejando colgada muy cerca, juntamente con el auricular, su identidad de chica de barra, al menos hasta la madrugada. El día, más adelante, ya la bautizará otra vez.

 

Sin que se tambalee la firmeza del puente entre sus ojos y los de Ernest, nos mira a cualquiera de nosotros como obstáculos a sortear para poder llegar a la puerta del bar y entrar con seguridad en el puente al cielo. Con pasos predispuestos, el arte le está garantizado.

Ya no está. Ya no la veo. Y, adonde va, ya no la puedo seguir.

Desde la barra, a la que me he acercado de nuevo, el camarero no llega a tiempo de hacer llegar sus voces a la chica en medio de tanto movimiento y alboroto como la han acompañado hasta la calle. Ahora que he recuperado mi antiguo lugar en la barra y le he pedido otra cerveza, oigo como refunfuña y dice:

- ... ¡Y total, para irse con Ernest y sus malditos pinceles!... ¡Ya le anotaré en su cuenta el gintónic de ésta! ¡Tampoco le vendrá de uno!... ¿Pero qué demonios deben ver en él, en sus pinceles y en ese ridículo No sexo?! Siempre que viene, retrata... ¡O es su eterno sombrero... o los condenados "socios" que le pintan de cojones... o yo qué sé! Pero se vuelven locas por Ernest No sexo... ¡Y caen como moscas! ¡Venga, otra para casa, al refugio de las voluptosidades! ¡Seré imbécil!... - y sigue encendiéndose los cincuenta años faenando con los vasos sucios - ... y , según él, ¡retrato y nada más! no se cansa de decir a todos... y tal vez no miente... y es retrato y nada más, pero viendo las desbandadas de las chicas hacia él, será porque él quiere. ¡Vaya suerte, joder!... Y es que además, cuando vuelvo a ver a alguna de las chiquitas, están enamoradas y embelesadas y no dejan de preguntar por él. ¡Si fuera más joven...! -.

Lo reclaman desde la otra punta de la barra y, dejando de enjuagar vasos, se seca las manos. ...Si él fuera más joven... tal vez aprendería a pintar...

Antes de volverse hacia la clientela, veo como arrastra una incredulidad inmensa sobre un No sexo escrito con interrogantes en los ojos.

Me parece que me gustaría saber sentir el secreto de unas palabras en una tarjeta en la que se me invitara, sellando el erotismo mirado, a un retrato pintado por alguien y sus socios de taller, artesanales, y donde, excepcionalmente, el sexo no fuera de antemano moneda de cambio.

Recuerdo, desde ayer, que el sexo pocas veces permanece cerca de la más estricta y cierta desnudez.

...Tal vez sí pueda averiguar la dirección que no le he visto apuntar a ella y Ernest conozca a alguien que me quiera pintar el retrato.

                                                                                           (NEXOS, trad. cuento 5)

 

ANNA

 

L'Anna, ara, entenia Déu!

- El fang és l'autèntica pell! - deia.

Ella que havia treballat tanta pell ho podia afirmar...

No en tenia cap dubte: el fang diví, a la vegada que havia intentat evolucionar modelant-se cap a pell humana i perdent ductilitat, havia degenerat cap a una eterna persecució de la felicitat tot enverinant-se d'una mena de paradís que no deixava de mossegar-se pecat original i d'altres passions autodestructives. L'Anna, ara, en un fang qualsevol havia après a recuperar els orígens...

- ... Rescato una essència ancestral de la vida! - repetia.

Un camí de metres i metres de pell, des de la casa de massatges de Barcelona fins al seu taller de l'Empordà, li avalaven amb fermesa l'autoritat de les seves paraules (que val a dir n'eren més aviat poques) i sobretot li recolzaven una estricta seguretat a l'hora de viure el destí que es sabia a l'abast de les mans, i mai millor dit. Set anys havia trigat a viatjar des d'una Barcelona, quasi Barcino, termal i esclava, tot i que contemporània, fins a arribar a una Bisbal imperiosa en llibertats per als seus sentits i que se li oferia orgiàstica dedins les quatre parets del seu taller de ceràmica..., una orgia intensíssima que sempre es celebrava a soles. Bé, a soles és el que deia la gent. Ara ja en fa dos que hi és i ja ha tingut temps de recuperar-se d'un periple començat encara abans, quan estiuejant de nena, prop d'on ara té el taller, s'havia promès tornar per quedar-s'hi. I ara, rondant els cinquanta, havia complert, i en plenitud, el somni de la infància.

Entre la nena i el taller de terra, la va esclavitzar un llarg matrimoni convenient a no se sap ben bé a qui, però no pas a ella. Després, una fugida sense recursos que la va refugiar en les termes on, al marge de tota llei, la vida hi era feréstega... però no pas més que la de casada dessota una dictadura casolana, i que en canvi sí la va acollir amb la solidaritat del que se l'ha guanyada i no deixa de lluitar-la. Al refugi, l'Anna potser no n'hi era de feliç, però sí es sentia, com quan era nena, de nou ella, sobretot quan es mirava, ingrés a ingrés, la llibreta d'estalvis que l'acostava a la seva terra... a les terres estimades de la seva terra.

Ara, l'Anna, fa mans. Des dels seus palpissos, escampa una sensibilitat extraordinàriament delicada sobre l'argila adormida que, entebeint-se, reviu una ànima antiga que mai ha deixat de tenir i que li permet fer del seu cos, fangós i deforme, el millor dels cossos! L'Anna li dona tacte, carícies i força...; dit a dit... sang!... carn!, i fins i tot sembla que se li vagi recobrint de pell, però:

- No! - s'exalta ella - És fang!

Ritualment, s'acarona les mans com li hagués agradat que l'acaronessin i, amb aquesta carícia desitjada, acarona el fang sobre el torn on ressegueix el perfil d'un amant inexistent del que desitja, més que res, les mans. Cuida les mans de l'amant des del torn al forn. Cap vernís més que el de les seves carícies... Hores enllà, de matinada, les mans l'acaronaran a ella quan nua i acollint-les encara calentes se les acostarà al cos. Del pit al sexe... I del sexe a les mans..., modelant-li la sensibilitat com cap amant abans li ho hagi fet... les seves mans són els seus millors amants. D'elles sí que se'n refia.

I de mà en mà passa els dies acaronant-se, modelant-se i deixant-se acaronar les carícies. A la mà cansada de l'Anna, l'agafa de la mà una altra de jove, ufanosa i forta que, encara amb la sang calenta, ha estat concebuda amb un esperit de carícia que li ha de ser sempre fidel.

Puntualment, la demanda truca a la porta i ella assegura que l'oferta s'exhaureix massa de pressa... i, llavors, la tristesa que l'omple la substitueix pel desig que es mira els saquets amb més fangs adormits sense oblidar el parell de mans de la millor fornada de la setmana (normalment l'última) que sempre "s'oblida" amagat a la cambra, lluny dels ulls cobdiciosos de més negoci dels compradors que acostumen a ésser la seva representant acompanyada d'un o altre client.

A més a més, amb més o menys material (segons el que hagi o no negociat al taller), cada dissabte s'acosta fins a una fira artesana. Com a mínim hi exposarà les mans oblidades a la cambra. Tota la nit del divendres, abans d'anar a mercat, s'acomiada de les mans de carícies fredes que resten al taller i que ja ni les seves més insistents escalfors poden modelar... A l'alba, amb els ulls plorosos, escabellada i destapada amb una rebregada camisola de seda negra transparent, anirà amortallant amb molta cura els cossos dels amants dins caixes de cartró i coixinets de vent.

Contradictòriament, orgullosa, els exposarà sabent que ensenya els seus amants perquè els admirin i, com a una Madame, li demanin els seus favors per a un servei en esclavatge.

- Sóc una Madame artística al prostíbul on es negocia amb art! - se li va escapar una vegada quan, amb la seva representant, estàvem negociant un joc de mans per a mi al seu taller i que encara tinc a l'habitació...

Així, els seus amants s'escampen pel món i morbosament quasi pensa en les mans que tindran l'oportunitat d'acariciar-los i els cossos més enllà de les mans. De la seva morbositat n'estic segur perquè des de que tinc una obra seva jo diria que em mira diferent... No ho sé... Hom diria, mirant-nos quan estem junts, que una estranya complicitat ens allunya de la resta...

Entre adult i adult, adúlters!, deu pensar ella, s'acosten a la seva paradeta de mercat les dolceses des dels ullets entremaliats de les criatures que passen i, encuriosits, se li aturen davant. En ells es veu a ella mateixa anys enrere quan venia cada estiu a mirar amb delit "les coses boniques" com les anomenava ella fins que la insistència de sa mare en anomenar-les " coses de desgraciats" havien acabat per confondre-la i per massa temps. Pensant en aquestes coses, la tendresa sempre se li esdevé odi. La seva mare que parlava sense cap mena de mania en nom de tota la família, tampoc no es cansà mai de repetir que tots aquells desgraciats no eren d'artistes! Eren una deplorable mena de mercaders que mercadejaven amb l'art, segurament d'altri,... i que se'ls hauria hagut de prohibir fer tal exhibició de fireta... i perseguir-los... i no sé què més. El pare, quan vidu obrí la boca, li parlà d'un pintor a la vida de la mare que l'abandonà per la bohèmia parisenca...

L'Anna, tot i que entengué moltes coses, i fins i tot les dates potser li oferien un altre pare més biològic a París, va decidir que el mal ja estava fet i que no interpretaria una altra dona davant de la que la seva pròpia mare li havia forjat. A més a més, s'estimava molt el seu pare de tota la vida. Amb tot, any rere any, l'encesa atracció pel mercat que atrapava a sa mare els feia rondar-hi malaltissament, però juntament amb l'agror que creixia en l'Anna a causa de les paraules de la mare amb allò de que "l'art dels artistes és, si de cas, als museus i al carrer només hi ha desgraciats carregats de romanços!", també li creixia l'amor per a l'art. D'aquesta manera la mare li havia modelat l'ànima més tendra a l'Anna, una ànima, però, que ja s'havia enamorat dels misteriosos romanços.

Així, l'Anna compartia el seu sentiment d'amant amb el de Madame que prostituïa l'art com una desgraciada. Entre tots els romanços que arrossegava hi havia el de contradir visceralment sa mare i una lletania exageradament disciplinada en l'absurd. Irreverent, encara gaudia més amb cada mirada que li dedicaven a ella o als seus amants, sabent que a més a més es guanyava, i molt bé, la vida.

Avui, com cada dissabte a mitja tarda, ja ha prostituït tots els seus amants que ja són d'altres. Satisfeta no s'entristeix en no oblidar que a casa esperen les seves carícies... Unes carícies que després ella mateixa desitjarà...I així, entre la Madame que és fidel a "les coses boniques" de nena i l'amant que es sap incompleta rere una biografia sentimental negociada, juga a tornar a acostar-se a Déu mentre pensa:

- De fet, no caldria una deessa?... Una divinitat a adorar entre massatge i massatge a les termes?... La matrona dels massatgistes i les mesdames ? - irrespectuosa amb sí mateixa, revivint-se en un vodevil vital, somriu mentre les seves mans, que no poden deixar d'acaronar-se, li xiuxiuegen amb frisança que ja batega més sang sota l'argila.

                                                                                       (NEXES, conte 1)

 

EVADÁN

 

XXII

 

- ¡Hiiiiiiiiiip!... ¡Hiiiiip!... -.

- ¡Hiiiiip! -.

                    Me despierto sobresaltado y, sobre todo, mareado. Nervioso y necesario busco el aseo... Me aseo de nariz para abajo. Mejor. Algo mejor. Con el sigilo que no he utilizado antes, vuelvo a la habitación. Me echo desnudo, pero un escalofrío me echa la sábana encima. Comprobando el silencio, decido pensar... pero no puedo. Me siento agotado y lo estoy. La sangre va espesando y yo la recorro en un latido que va del corazón a las manos... cada vez más lento... y despacio deja de latir en el sexo... y me duermo.

- Quería pensar que uno no és igual a dos; que uno es uno o es igual a tres; que si uno es uno ¿qué demonios va a poder ser dos?; que ellos no son Adán y Eva; que yo no soy ni un dios ni una manzana ni un mordisco envenenado; que el biombo es mi vendaje algo más artesano; que los tres hemos sellado un pacto en silencio con mucha letra pequeña, diferente en cada copia; que el vino mantiene en vilo al nudo, pero los cabos amanecen sueltos y con resaca; que somos una nave de guerra que rema hacia tres frentes distintos; que somos una carta escrita en voz alta con tantos pliegues a oscuras como esquinas tiene esta casa; que un molino de tres brazos sólo acata al viento, nunca a un aliento; que el biombo me aprieta mucho y lleva tatuado desde ahora E.V.AD.A.N.1.2.3 en el mismo orden en que escribí los reveses de las láminas; que estamos en un refugio y un refugio tiene un antes y un después, aunque luego todo sea igual que antes, empeorando; que me gusta ella y lo sé de siempre; que me gusta él y no me sorprende; que la complicidad se acentúa en morbo y ternura; que mi invisibilidad se crece en la mirada y en el alma hasta llegar a verla inmensa; que mi invalidez valida poca verdad por vida y no se miente; que el vendaje aprisiona demasiada presión y el biombo no alivia; que María no es mentira... ¡que María no es mentira!; que María no es mentira y aunque no puedo verla a ella miro su retrato y todos sus molinillos se mueven y sé que cualquier día me llamará..., por mi aniversario, y me dedicará unas felicidades con una melodía que no sonará a tristeza y que muy pronto me querrá ver y podré verla... Creo que estoy soñando y esta voz suena dentro. Me arropo mejor con la sábana y sigo durmiendo. - ...

- ¡Hiiiiip! -.

  (EVADÁN, capítulo XXII)

 

EJERCICIOS MEDITERRÁNEOS

 

"... Volvimos a saborear el deseo de más besos y abrazos. El vino, tinto, fino y exquisito, ya musitaba desde el vientre dulzuras de niño. La vela, apagada, seguía azulando luz. Tu bolsa azul y la mía, negra, recuperaron el suelo.

Entre ceras, vinos y besos me sentí esa noche llave, puerta y camino; suelo, un poco muro y sólo un algo de techo. También fui las gotas húmedas del agua limpia y corriente del grifo que movieron a placer las sales y aguas de sabores, sudores y olores de tu piel, quedando en ellas perfumado...; y toallas; y las sábanas que abrigaban de unos aires madrugadores que, aun naciéndote calor, se te antojaban fríos; y balcón y armario y espejos (...). Y forjada la memoria solamente de los recuerdos de unos futuros prometidos antes, me sentía fundir con todo alrededor, siendo toda la estancia de ese hotel yo mismo, abrazándote sin dejar en mi abrazo casi espacio a respirar al propio aire... (¡lo siento, aire!).

Me sentí a la vez el pedazo de ciudad que te responde en azul a todo lo que tú la amas y que, en voces y perfumes y algo de luz, asomaba contemplando, casi ya anocheciendo..., sigilosa por el balcón.

Con todo, un todo en todo me mezcló. Mi cuerpo era una parte más de ese mobiliario fácil, funcional y perfecto del sentimiento y desde todo ello te miré y te vi y ahora de nuevo te veo y, abrazándote, ahí, te aprendo desde cada paso paseando en cada mirada sin edad, mirada en azul y bello y, en todo, todo lo cierto que nace en lágrima y beso para acariciar todo lo tímido y hermoso, desnudo y tembloroso, que tu ilusión, desde la piel, por donde quiera tatuada a sol, sirena serena y muy a menudo sonriente todo lo real del sueño... y  no digo que fue un sueño ni, aun, un sueño de Alejandría.

 

* Recuerdo que la abundancia de lágrimas y besos en estos textos presentes se justifica al deberse a ellos la respiración, posible, en los cruces de caminos, ya que deslizándose desde la idea por las avenidas, las riberas y las diversas callejuelas de sangre, tejen, en puntos de cruz, lo azul que posee el aire.

...

Acantilándome ayer, siendo habitación con vistas a ti, en cada rincón guardé el deseo de que un mañana, cuando tú y yo ahí fuéramos recuerdo, apareciera en ti, tatuado de azul, un yo, el tuyo, muy muy cerca de tu mirada, amaneciendo con esa luz que preludia noche.

Y ... siendo cierto que no podría por ti, ni podré por nadie, ser una habitación de la naturaleza como la de una noche a mar, ¡no!, no lo siento, porque aun limitado, humano, fui en verdad cierto. 

Nunca antes, y sé que armándome de dudas para un después entre alejandrismos y sueños, sentí un te amo y un te quiero a la vez. 

 

 

Ahora mi mano recuerda que cientos de veces ha dibujado milenios de aires escritos a gritos asfixiados en lágrimas y besos necesarios.

aire aire aire aire aire aire aireairEaiREaIREAIREAIREAIREAIREAIReAIreAirea ir "

                                                                                 (Ejercicios mediterráneos 

                                                                                   sobre las cosas azuladas

                                                                                    hacia tres de las cruces). 

                                                                                  Fragmentos.

 

 

 

AAAAAAAA...UHH!

Guió per a l'expressió d'una espècie.

 

 

Al carrer dels Cecs, enfront de la plaça del Pi, quasi amb cantonada amb Ave Maria, La Condoneria assorteix a un personal, per cert, molt divers amb tota mena de condons i estris que estan directament relacionats amb els oficis de les doctrines intimistes, fent-lo, per questes raons, un establiment inqüestionablement mereixedor de lluir a la porta tal nom.

 

S'hi donen dos espectacles: un a fora, indecís, imprecís, dubtós i de mirades distants i indiferents; i un altre molt més ferm al dedins que, val a dir-ho, és un espai reduït on hom hi pot fer un control total i tanmateix exhaustiu de cares, paraules, xiuxiueigs i, fins i tot, estudis del gest i de la mirada...

 

Amb un gran ventall de possible clientela i de compradors més o més entusiastes que s'hi acompanyen de l'amic o de la parella o d'una solitud intimista... o bé pares o bé fills que, en qualitat de mestres o d'alumnes o vés a saber de què..., sempre els empeny una finalitat divertida, segur que positiva, i preservant-se de mals majors. Compren per a ells o per als "altres", però, en tot cas, l'espectacle s'enceta amb cada persona que sap molt bé per davant d'on passa i, sobretot, on entra.

 

Així, s'enregistren programes d'uns trenta, quaranta minuts, amb les dues vessants dels diversos protagonistes, a fora i a dins... i potser amb la possibilitat d'una tercera, de nou, al defora...

 

Els vídeos es presenten, en cada vessant i per separat, des de l'estudi introduint-los amb un tracte "docte", simulacre de recepta, diferent en cada cas i personalitzat per a cada "pacient"...  A l'estudi, la nostra particular "metgessa", en un ambient d'ambulatori. Sola.

 

Tots els programes acabaran amb una indicació directa i terapèutica de l'ús del preservatiu indiscriminadament i sense cap mena de recança. Així, doncs, AAAAAAAA...UUH! o AVE MARIA té una via directa a qualsevol altre mercat prenent del material de Condoneria el no parlat. Evidentment seria necessari canviar entrades i sortides de la "metgessa".

 

                                                                                       (Tardes de poesianàlisi. Aaaaaaaah...uuh!)

                                                                                       Fragment.

 

 

 

 

 

 

 

A Ultramar      Home